ella sabe, no le digas

Carrer Montcada - La Ribera

resulta que un dia de estos iba caminando por la avenida primera,
justo donde se junta con la calle cinco, en eso un hombre se acerca a mi y me dice, “ella sabe, no le digas”, como era alguien que no conocia y como tenia cierto aspecto de indigente decidi no prestarle atencion. a eso de la calle nueve una niña vestida de blanco me miró amablemente y dijo, “ella sabe, no le digas”. como podran suponer en ese momento me desconcerte bastante, ya que como ustedes muy bien saben exactamente hacia dos calles aquel misterioso hombre me habia dicho exactamente las mismas palabras.

busque una razon para todo esto pero la lluvia me mojo los pies, desde que empece mi caminata se podia oler la lluvia y era cuestion de tiempo para que me diera su humeda bienvenida.

pasaron unas calles mas al ritmo de mi andar y la frase del hombre y la niña no dejaban de repetirse en mi cabeza. me saco de mi estado un fiat blanco que casi me levanta en la esquina. en duo al agresivo sonido del la bocina el conductor gritaba “ella sabe, no le digas”. mis ojos se critalizaron. un frio empezó a subir desde la mas profunda de mis terminales nerviosas.

todo estuvo claro, pero, ¿como sabia? ¿quien le habia dicho?. el andar se convirtio en grandes pasos, los grandes pasos en trote, el trote en enormes sancadas y antes de pasar la siguiente esquina, ya mi cuerpo lo arrastraba el alma, la cual trataba de salirse con cada latido del corazon.

faltaban unas cinco calles para llegar al cafe donde habia quedado con ella. las primeras tres ya se habian esfumado. entre mas me acercaba al cafe eran mas las bocinas que gritaban, la gente salia a los balcones, los amantes dejaban de amarse, los niños me seguian el paso y gritaban todos en un coro ensordecedor “ella sabe, no le digas”.

estaba a punto de perder la razon, ya solo quedaba una calle, no podia dejarme abrumar por el barullo del mundo que hoy se habia reducido a cinco palabras dedicadas a mi.

ella estaba sentada, iluminando todo como era de costumbre. al verme venir a toda velocidad se puso de pie, me extendio sus brazos y antes que pudiera decir palabra alguna, me beso tiernamente y dijo “no digas nada, ya lo se”.

(me disculpo por la ausencia de las tildes pero andaban buscando a las mayusculas que se habian escapado con los guiones a visitar al presidente)

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